Crónicas de sindicatos

06.10.2014 21:28

     En los primeros tiempos de Roma, cuando aún no era imperio sino que un exitoso conjunto de pueblos del Lacio asociados por su origen común latino y que existía precariamente entre dos potencias del mediterráneo (los Etruscos y los Cartagineses), la organización política y social beneficiaba con largueza a los patricios por sobre los plebeyos. Estos últimos eran importantes para el desarrollo económico de Roma y eran muchísimo más numerosos pero no tenían representantes en el gobierno (senado) ni podían postular cónsules (jefes políticos y militares).

     Con un depurado instinto social, la plebe, recurrió al obstruccionismo, a la deserción, a una especie de huelga política en los momentos en que el estado mas necesidad tenía de ellos. Eligieron moverse lejos de Roma en dirección del Monte Sacro con la intención de instalarse allí dejando abandonadas sus ocupaciones anteriores.

     Para conseguir el regreso del pueblo el senado consintió en crear dos cargos políticos de magistrados elegidos por y para el pueblo. Llamados “Tribunos de la Plebe” su misión era velar para que el pueblo no sufriera abusos de la autoridad por parte de los Cónsules o el Senado.

     Con el paso del tiempo esta organización social y política permitió a este pueblo latino dominar con eficiencia y capacidad, nunca antes ni después igualada, toda Europa, parte de África, parte de Asia y prosperó por siglos con gloria sin par.

     A este imperio debemos muchísimas ideas e inventos. El senado por ejemplo. Los espectáculos de circo, el arco en arquitectura e ingeniería, los acueductos, los baños públicos. Transportó hasta nosotros las mejores costumbres e ideas de la Grecia clásica. Y en un tono algo menor, auque para nada menos importante, la concepción de que ante una organización grande y poderosa los grupos menos importantes no están obligados a solo escuchar y acatar. La idea de que somos todos importantes, no importa lo pequeños que podamos parecer, y que nuestra ausencia lo puede probar. Lo consiguieron sin odio, sin agresión, y pensando siempre en un bien superior. Tal es la concepción moderna de un SINDICATO.